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SI solamente me tocaras el corazón (Leído 156 veces)
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Cumulonimbus Calvus
   
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BARCAROLA
SI solamente me tocaras el corazón, si solamente pusieras tu boca en mi corazón, tu fina boca, tus dientes, si pusieras tu lengua como una flecha roja allí donde mi corazón polvoriento golpea, si soplaras en mi corazón, cerca del mar, llorando, sonaría con un ruido oscuro, con sonido de ruedas de tren con sueño, como aguas vacilantes, como el otoño en hojas, como sangre, con un ruido de llamas húmedas quemando el cielo, sonando como sueños o ramas o lluvias, o bocinas de puerto triste, si tú soplaras en mi corazón cerca del mar, como un fantasma blanco, al borde de la espuma, en mitad del viento, como un fantasma desencadenado, a la orilla del mar, llorando.
Como ausencia extendida, como campana súbita, el mar reparte el sonido del corazón, lloviendo, atardeciendo, en una costa sola: la noche cae sin duda, y su lúgubre azul de estandarte en naufragio se puebla de planetas de plata enronquecida.
Y suena el corazón como un caracol agrio, llama, oh mar, oh lamento, oh derretido espanto esparcido en desgracias y olas desvencijadas: de lo sonoro el mar acusa sus sombras recostadas, sus amapolas verdes.
Si existieras de pronto, en una costa lúgubre, rodeada por el día muerto, frente a una nueva noche, llena de olas, y soplaras en mi corazón de miedo frío, soplaras en la sangre sola de mi corazón, soplaras en su movimiento de paloma con llamas, sonarían sus negras sílabas de sangre, crecerían sus incesantes aguas rojas, y sonaría, sonaría a sombras, sonaría como la muerte, llamaría como un tubo lleno de viento o llanto, o una botella echando espanto a borbotones.
Así es, y los relámpagos cubrirían tus trenzas y la lluvia entraría por tus ojos abiertos a preparar el llanto que sordamente encierras, y las alas negras del mar girarían en torno de ti, con grandes garras, y graznidos, y vuelos.
Quieres ser el fantasma que sople, solitario, cerca del mar su estéril, triste instrumento? Si solamente llamaras, su prolongado son, su maléfico pito, su orden de olas heridas, alguien vendría acaso, alguien vendría, desde las cimas de las islas, desde el fondo rojo del mar, alguien vendría, alguien vendría.
Alguien vendría, sopla con furia, que suene como sirena de barco roto, como lamento, como un relincho en medio de la espuma y la sangre, como un agua feroz mordiéndose y sonando.
En la estación marina su caracol de sombra circula como un grito, los pájaros del mar lo desestiman y huyen, sus listas de sonido, sus lúgubres barrotes se levantan a orillas del océano solo.
Pablo Neruda
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He aquí que el silencio fue integrado por el total de la palabra humana, y no hablar es morir entre los seres... Pablo Neruda
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Re:
« Respuesta #1 en: 31 de Julio de 2005, 22:13:41 » |
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EL SOL
A plena luz de sol sucede el día, el día sol, el silencioso sello extendido en los campos del camino.
Yo soy un hombre luz, con tanta rosa, con tanta claridad destinada que llegaré a morirme de fulgor.
Y no divido el mundo en dos mitades, en dos esferas negras o amarillas sino que lo mantengo a plena luz como una sola uva de topacio.
Hace tiempo, allá lejos, puse los pies en un país tan claro que hasta la noche era fosforescente: sigo oyendo el rumor de aquella luz, ámbar redondo es todo el cielo: el azúcar azul sube del mar.
Otra vez, ya se sabe, y para siempre sumo y agrego luz al patriotismo: mis deberes son duramente diurnos: debo entregar y abrir nuevas ventanas, establecer la claridad invicta y aunque no me comprendan, continuar mi propaganda de cristalería.
No sé por qué le toca a un enlutado de origen, a un producto del invierno, a un provinciano con olor a lluvia esta reverberante profesión.
A veces pienso imitar la humildad y pedir que perdonen mi alegría pero no tengo tiempo: es necesario llegar temprano y correr a otra parte sin más motivo que la luz de hoy, mi propia luz o la luz de la noche: y cuando ya extendí la claridad en ese punto o en otro cualquiera me dicen que está oscuro en el Perú, que no salió la luz en Patagonia.
Y sin poder dormir debo partir: para qué aprendería a transparente!
Hoy, este abierto mediodía vuela con todas las abejas de la luz: es una sola copa la distancia, al territorio claro de mi vida.
Y brilla el sol hacia Valparaíso.
Pablo Neruda
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Re:
« Respuesta #2 en: 31 de Julio de 2005, 22:16:52 » |
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MIGRACIÓN
TODO el día una línea y otra línea, un escuadrón de plumas, un navío palpitaba en el aire, atravesaba el pequeño infinito de la ventana desde donde busco, interrogo, trabajo, acecho, aguardo.
La torre de la arena y el espacio marino se unen allí, resuelven el canto, el movimiento.
Encima se abre el cielo.
Entonces así fue: rectas, agudas, palpitantes, pasaron hacia dónde? Hacia el Norte, hacia el Oeste, hacia la claridad, hacía la estrella, hacia el peñón de soledad y sal donde el mar desbarata sus relojes.
Era un ángulo de aves dirigidas aquella latitud de hierro y nieve que avanzaba sin tregua en su camino rectilíneo: era la devorante rectitud de una flecha evidente, los números del cielo que viajaban a procrear formados por imperioso amor y geometría.
Yo me empeñé en mirar hasta perder los ojos y no he visto sino el orden del vuelo, la multitud del ala contra el viento: vi la serenidad multiplicada por aquel hemisferio transparente cruzado por la oscura decisión de aquellas aves en el firmamento.
No vi sino el camino.
Todo siguió celeste.
Pero en la muchedumbre de las aves rectas a su destino una bandada y otra dibujaban victorias triangulares unidas por la voz de un solo vuelo, por la unidad del fuego, por la sangre, por la sed, por el hambre, por el frío, por el precario día que lloraba antes de ser tragado por la noche, por la erótica urgencia de la vida: la unidad de los pájaros volaba hacia las desdentadas costas negras, peñascos muertos, islas amarillas, donde el sol dura más que su jornada y en el cálido mar se desarrolla el pabellón plural de las sardinas.
En la piedra asaltada por los pájaros se adelantó el secreto: piedra, humedad, estiércol, soledad, fermentarán y bajo el sol sangriento nacerán arenosas criaturas que alguna vez regresarán volando hacia la huracanada luz del frío, hacia los pies antárticos de Chile.
Ahora cruzan, pueblan la distancia moviendo apenas en la luz las alas como si en un latido las unieran,
vuelan sin desprenderse
del cuerpo
migratorio
que en tierra se divide y se dispersa.
Sobre el agua, en el aire, el ave innumerable va volando, la embarcación es una, la nave transparente construye la unidad con tantas alas, con tantos ojos hacia el mar abiertos que es una sola paz la que atraviesa y sólo un ala inmensa se desplaza.
Ave del mar, espuma migratoria, ala del Sur, del Norte, ala de ola, racimo desplegado por el vuelo, multiplicado corazón hambriento, llegarás, ave grande, a desgranar el collar de los huevos delicados que empolla el viento y nutren las arenas hasta que un nuevo vuelo multiplica otra vez vida, muerte, desarrollo, gritos mojados, caluroso estiércol, y otra vez a nacer, a partir, lejos del páramo y hacia otro páramo.
Lejos de aquel silencio, huid, aves del frío hacia un vasto silencio rocalloso y desde el nido hasta el errante número, flechas del mar, dejadme la húmeda gloria del transcurso, la permanencia insigne de las plumas que nacen, mueren, duran y palpitan creando pez a pez su larga espada, crueldad contra crueldad la propia luz y a contraviento y contramar, la vida.
Pablo Neruda
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Re:
« Respuesta #4 en: 31 de Julio de 2005, 22:19:52 » |
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EL GRAN OCÉANO
SI de tus dones y de tus destrucciones, Océano a mis manos pudiera destinar una medida, una fruta, un fermento, escogería tu reposo distante, las líneas de tu acero, tu extensión vigilada por el aire y la noche, y la energía de tu idioma blanco que destroza y derriba sus columnas en su propia pureza demolida.
No es la última ola con su salado peso la que tritura costas y produce la paz de arena que rodea el mundo: es el central volumen de la fuerza, la potencia extendida de las aguas, la inmóvil soledad llena de vidas. Tiempo, tal vez, o copa acumulada de todo movimiento, unidad pura que no selló la muerte, verde víscera de la totalidad abrasadora.
Del brazo sumergido que levanta una gota no queda sino un beso de la sal. De los cuerpos del hombre en tus orillas una húmeda fragancia de flor mojada permanece. Tu energía parece resbalar sin ser gastada, parece regresar a su reposo.
La ola que desprendes, arco de identidad, pluma estrellada, cuando se despeñó fue sólo espuma, y regresó a nacer sin consumirse.
Toda tu fuerza vuelve a ser origen. Sólo entregas despojos triturados, cáscaras que apartó tu cargamento, lo que expulsó la acción de tu abundancia, todo lo que dejó de ser racimo.
Tu estatua está extendida más allá de las olas.
Viviente y ordenada como el pecho y el manto de un solo ser y sus respiraciones, en la materia de la luz izadas, llanuras levantadas por las olas, forman la piel desnuda del planeta. Llenas tu propio ser con tu substancia.
Colmas la curvatura del silencio.
Con tu sal y tu miel tiembla la copa, la cavidad universal del agua, y nada falta en ti como en el cráter desollado, en el vaso cerril: cumbres vacías, cicatrices, señales que vigilan el aire mutilado.
Tus pétalos palpitan contra el mundo, tiemblan tus cereales submarinos, las suaves ovas cuelgan su amenaza, navegan y pululan las escuelas, y sólo sube al hilo de las redes el relámpago muerto de la escama, un milímetro herido en la distancia de tus totalidades cristalinas.
Pablo Neruda
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Re:
« Respuesta #5 en: 31 de Julio de 2005, 22:21:02 » |
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RAPA NUI
TEPITO-TE-HENÚA, ombligo del mar grande, taller del mar, extinguida diadema. De tu lava escorial subió la frente del hombre más arriba del Océano, los ojos agrietados de la piedra midieron el ciclónico universo, y fue central la mano que elevaba la pura magnitud de tus estatuas
Tu roca religiosa fue cortada hacia todas las líneas del Océano y los rostros del hombre aparecieron surgiendo de la entraña de las islas, naciendo de los cráteres vacíos con los pies enredados al silencio.
Fueron los centinelas y cerraron el ciclo de las aguas que llegaban desde todos los húmedos dominios, y el mar frente a las máscaras detuvo sus tempestuosos árboles azules. Nadie sino los rostros habitaron el círculo del reino. Era callado como la entrada de un planeta, el hilo que envolvía la boca de la isla.
Así, en la luz del ábside marino la fábula de piedra condecora la inmensidad con sus medallas muertas, y los pequeños reyes que levantan toda esta solitaria monarquía para la eternidad de las espumas, vuelven al mar en la noche invisible, vuelven a sus sarcófagos de sal.
Sólo el pez luna que murió en la arena.
Sólo el tiempo que muerde los moais.
Sólo la eternidad en las arenas conocen las palabras: la luz sellada, el laberinto muerto, las llaves de la copa sumergida.
Pablo Neruda
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Re:
« Respuesta #6 en: 31 de Julio de 2005, 22:23:39 » |
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EL RÍO
YO entré en Florencia. Era de noche. Temblé escuchando casi dormido lo que el dulce río me contaba. Yo no sé lo que dicen los cuadros ni los libros (no todos los cuadros ni todos los libros, sólo algunos), pero sé lo que dicen todos los ríos. Tienen el mismo idioma que yo tengo. En las tierras salvajes el Orinoco me habla y entiendo, entiendo historias que no puedo repetir. Hay secretos míos que el río se ha llevado, y lo que me pidió lo voy cumpliendo poco a poco en la tierra. Reconocí en la voz del Arno entonces viejas palabras que buscaban mi boca, como el que nunca conoció la miel y halla que reconoce su delicia. Así escuché las voces del río de Florencia, como si antes de ser me hubieran dicho lo que ahora escuchaba: sueños y pasos que me unían a la voz del río, seres en movimiento, golpes de luz en la historia, tercetos encendidos como lámparas. El pan y la sangre cantaban con la voz nocturna del agua.
Pablo Neruda
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Re:
« Respuesta #7 en: 31 de Julio de 2005, 22:25:03 » |
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TEMPESTAD CON SILENCIO
TRUENA sobre los pinos. La nube espesa desgranó sus uvas, cayó el agua de todo el cielo vago, el viento dispersó su transparencia, se llenaron los árboles de anillos, de collares de lágrimas errantes.
Gota a gota la lluvia se reúne otra vez en la tierra.
Un solo trueno vuela sobre el mar y los pinos, un movimiento sordo: un trueno opaco, oscuro, son los muebles del cielo que se arrastran.
De nube en nube caen los pianos de la altura, los armarios azules, las sillas y las camas cristalinas.
Todo lo arrastra el viento.
Canta y cuenta la lluvia.
Las letras de agua caen rompiendo las vocales contra los techos. Todo fue crónica perdida, sonata dispersada gota a gota: el corazón del agua y su escritura. Terminó la tormenta. Pero el silencio es otro.
Pablo Neruda
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Pip
Más vale maña que fuerza...
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Cuando soy mala soy mejor! Eva Alaia
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Preciosos poemas!
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