Páginas: [1]
|
 |
|
Autor
|
Tema: También cuecen habas en el cantábrico. (Leído 104 veces)
|
mandorlini
...al plato vendrás, arbeyo
Staff
Turbonada
  
Desconectado
Género: 
Mensajes: 29783

|
Sacado del piniódico.
El agua en Asturias, un debate pendiente .
El presidente de la Confederación Hidrográfica, Jorge Marquínez, y el gerente de Cadasa -el consorcio que abastece a la mayoría de la región-, Alberto Álvarez Rea, advirtieron en julio de que Asturias ya no tiene garantizado el suministro de agua y de que en cualquier momento pueden volver las restricciones. El secretario general del SOMA, José Ángel Fernández Villa, clamaba, en un artículo publicado hace una semana en LA NUEVA ESPAÑA, por una reforma a fondo del Consorcio y por la necesidad de resarcir a los municipios de la cuenca del Nalón, que no reciben nada a cambio y son hoy el manantial del que bebe Asturias.
Son distintas perspectivas de un mismo problema: Asturias tiene pendiente el gran debate sobre el agua, que es mucho más urgente en estos tiempos, en los que este recurso comienza a valorarse como un importantísimo factor económico, como un valor estratégico y como un indicador de riqueza.
Por fortuna, en el verano más seco en mucho tiempo, con los embalses en el nivel más bajo de la última década, no se han producido complicaciones graves de abastecimiento en Asturias. Eso no resta credibilidad a las voces de alerta; más bien hay que congratularse por ello: mejor que las soluciones se discutan ahora. Cuando lleguen las carencias será tarde.
Sin caer en la alarma, el riesgo es serio. Desde la Administración se considera que si se diera un año de bajas precipitaciones viviríamos un paso atrás, retrocederíamos a aquellos tiempos, no hace tanto, en que no había verano en Oviedo sin cortes, o con sólo dos o tres horas de agua al día en el Gijón turístico de agosto.
La demanda ha crecido de manera imparable, especialmente en el centro de la región. El consumo por habitante está en 161 litros, por debajo de la media nacional, aunque aumente a mayor velocidad que en el resto del país. El reparto de lluvias es cada vez más irregular a lo largo del año. Las condiciones naturales de la región -con ríos muy cortos y que nacen a 2.000 metros, lo que hace que el caudal fluya rápidamente hacia el mar- complican el uso, almacenaje y gestión del agua.
Sólo estos tres factores son suficientes para concluir que sería temerario para Asturias dar por resuelta la cuestión hídrica. La paradoja es que el Principado tiene 22 embalses -dos de ellos para atender a los hogares, el resto para producción eléctrica o suministro a la industria-, que almacenan cinco veces más agua de la que se consume.
Principado, Confederación y Cadasa se agarran a la incertidumbre del abastecimiento futuro para defender la única obra que, a su juicio, desactivaría todas las alarmas: un nuevo embalse en Caleao (Caso), por encima de los dos que ya tiene Cadasa en la zona: el de Tanes y el de Rioseco.
Esta nueva infraestructura, con una inversión de 60 millones de euros, permitiría almacenar 35 hectómetros cúbicos, un poco más que la actual capacidad de Tanes, aunque tendría que ser construida dentro de un parque natural, que es además Reserva de la Biosfera. Los vecinos afectados han dejado patente su oposición.
No es conveniente que, por prejuicios injustificados o maximalismos, el embalse sea rechazado de antemano. Pero tampoco es admisible que se intente imponer la presa sin considerar más alternativas. En cualquier caso, es imprescindible realizar un esfuerzo por aprovechar mejor las actuales infraestructuras y corregir sus deficiencias.
Ahí está el lamentable estado de muchas redes -particularmente calamitosas son las de Langreo y Mieres-, que provoca la pérdida por término medio de hasta un 20 por ciento del agua que se capta. O el cuantioso potencial de los acuíferos subterráneos de la región, prácticamente desaprovechados. Hunosa extrajo el año pasado de sus minas tantos metros cúbicos de agua como la capacidad que tendría ese nuevo embalse de Caleao.
Capítulo aparte merece la irracionalidad que supone que la mayor parte del suministro a las empresas, o para riego, se haga con agua apta para beber, es decir, tratada y depurada, con el sobrecoste que eso conlleva. Apenas se ha avanzado en el uso, con fines industriales, de otras aguas distintas a las del consumo humano, que aliviarían la carga sobre los embalses de abastecimiento.
Si el agua no fue en las últimas décadas un quebradero de cabeza para Asturias, resulta innegable que el mérito es de Cadasa, un consorcio impulsado por la antigua Diputación Provincial, que unió en principio a 13 concejos en la necesidad común de garantizar su abastecimiento, y que hoy agrupa al doble.
Cadasa es el ejemplo de lo que pueden hacer juntos la Administración regional y los ayuntamientos. Aún tiene pendiente su extensión al Oriente y al Occidente, ahora tímidamente abordada, y la integración de algún gran municipio del centro todavía ausente, pero no hay otra solución mejor para este bien público.
El SOMA lleva agitando desde hace tiempo, con indudable intuición, la bandera del agua, viendo tras ella una nueva fuente de riqueza para unas cuencas mineras que son también las grandes reservas hidrológicas de Asturias. A su iniciativa se debe la organización en Mieres en abril de una interesante jornada de reflexión, la idea de crear un Instituto del Agua o la de fomentar un gran pacto regional por el agua.
Patrimonializar el agua, plantear la cuestión en términos de esquilmadores y esquilmados, es una tentación demagógica e inadecuada. El agua es de todos, y no puede contribuir a agrandar desigualdades. Admitir esto no invalida que aquellos municipios que más sufren las grandes infraestructuras hidráulicas, y que incluso ven condicionadas por ellas sus posibilidades de desarrollo socioeconómico, puedan recibir compensaciones. Un agua de calidad, como la asturiana, exige un entorno de calidad, y para disfrutarlo y conservarlo no es injusto pagar por ello.
«El agua no es un bien comercial como los demás, sino un patrimonio que hay que proteger, defender y tratar como tal». Así comienza la directiva marco del agua aprobada por la UE en 2000. Asturias tiene ese patrimonio en abundancia, y protegerlo y defenderlo no debe ser un motivo de enfrentamiento.
Es momento para la reflexión sosegada, en la que una voz fundamental tiene que ser la de científicos y técnicos, pues intervenir sobre el agua es hacerlo también sobre un elemento muy delicado, fundamental en el equilibrio del ecosistema.
El agua va a ser un elemento diferenciador, que determinará en el futuro el potencial de un territorio y su poder de atracción. En esa carrera, Asturias cuenta con una ventaja de partida que debe saber aprovechar. Estamos ante una gran oportunidad. Que la falta de previsión, la cortedad de miras, el temor a afrontar el debate o la improvisación sobre la solución adecuada no la echen a perder de antemano. Tenemos que saber jugar la baza del agua, una gran fuente de riqueza para el futuro de Asturias.
|
|
|
|
|
En línea
|
|
|
|
|
|
Páginas: [1]
|
|
|
|
|