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Autor Tema: Los tiempos cambian.... y la manera de torturar con las fotos, también  (Leído 62 veces)
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Los tiempos cambian.... y la manera de torturar con las fotos, también
« en: 29 de Septiembre de 2005, 10:38:05 »

A ver si os suena algo de esto  Roll Eyes Roll Eyes Roll Eyes ..... (de "La Vanguardia")




¡Venid a ver las fotos!

La tortura de tragarse las fotografías y vídeos de las vacaciones de los demás no impide que esta tradición siga gozando de buena salud. Aunque ahora los álbumes se ´cuelguen´ en internet

MANUEL DÍAZ PRIETO - 25/09/2005

Por primera vez en mi vida no tengo fotos en papel de las vacaciones - explica Teresa Reyes-. Así que, tras intentar enseñarlas en la pantallita de la cámara y de someter a un par de amigos a la tortura de verlas en el ordenador, se me ocurrió una idea".

La idea de Teresa era pasarlas en el Margarita Blue, el animado local de platos y copas que dirige en el Gòtic de Barcelona. E invitar a sus amigos a hacer lo mismo. "Antes quedabas con la gente para cenar. A todo el mundo le apetece muchísimo enseñar las fotos. Y, sobre todo, explicarlas. Es como revivir el viaje. Aunque, incluso con las mías, me doy cuenta de que todas aquellas en que apareces tú nosedónde delante de nosequé sólo las aguantan los abuelos y para los amigos suelen ser un peñazo".

La fina intuición de Teresa se ve corroborada en la encuesta realizada por Adobe, una empresa de software para diseño gráfico: secretamente disfrutamos de someter a amigos y parientes a las, muchas veces, aburridísimas imágenes de nuestras vacaciones. Casi el 70% de los consultados expresó claramente que teme el momento en que se ve obligado a pasar por ese trance. Aunque, a la hora de enseñar las suyas y aun sabiendo que sus instantáneas también pueden ser un fastidio, un 40% no duda hacer partícipes a sus más allegados de su peripecia estival.

¿A qué viene tanto rechazo? Los autores del sondeo coinciden de nuevo con Teresa: el problema es que la gente se resiste a descartar aquellas instantáneas que no han salido bien. Las mayoría reconoce que de cada 24 fotos reveladas, normalmente una larga decena son decepcionantes, un bodrio. La conclusión de Jan Walsh, autor del trabajo, es que ese apego a fotos descentradas, repetidas, aburridas o desenfocadas es lo que hace que las colecciones de fotógrafos aficionados sean insoportables.

La técnica, sin embargo, ha mejorado una barbaridad. Parece haberlo cambiado todo. El papel como soporte se ha hundido y la entrañable rutina de llevar los rollos a revelar al regresar a la vida laboral corre el riesgo de convertirse en algo anacrónico. Pero la llegada de cámaras digitales, con sus posibilidades de borrar las imágenes que no nos gustan, de retocarlas, archivarlas, imprimirlas y enviarlas a través de la red, no ha cambiado lo sustancial: Pedro Picat ha regresado de Cuba con dos tarjetas de 256 Mb de memoria llenos. Y quiere enseñarlas, así que se ha hecho su propia weblog. Aunque en ella exhiba únicamente seis instantáneas: Pedro en la Bodeguita de en Medio tomándose un mojito, Pedro en el Malecón con una joven del país, otra en Varadero, dos puestas de sol y una advertencia: "Quien quiera ver el resto tendrá que pasar por casa con algo de beber".

Ante la creciente ausencia de imágenes en soporte de papel, los álbumes familiares on line se han convertido en la alternativa más pujante. Algunas de sus nuevas virtudes las comenta Gork@ en un foro de internet: "¿Desde cuándo es excitante que te inviten a una casa para enseñarte las fotos de las vacaciones? Eso no es excitante, eso es una putada. Gracias a las nuevas tecnologías, cuando una familia se va a la playa, cuelga sus fotos digitales en un álbum virtual, manda por e-mail la dirección del álbum a sus amistades, ves todas las miniaturas de las fotos de un vistazo y te molestas en abrir a tamaño completo sólo aquellas en las que salga la hija (o la madre, según edades) en bikini. Y todo esto en mucho menos tiempo". Lo único que echa de menos este cibernauta es el aperitivo que solía acompañar los antiguos pases.

La mirada del escritor Suso de Toro sobre este fenómeno resulta aún más ácida: "Ya casi no hacemos fotos. Nos hemos cansado y hemos ido olvidando las cámaras; la muchacha del mostrador de revelado de fotos cada día tiene menos trabajo. Es cierto que se venden más cámaras de fotos, pero no es verdad, es mentira y además es falso: no son fotografías. Las cámaras digitales son únicamente trampas para sombras leves, reflejos que luego se almacenan en el alma del ordenador y que olvidamos en algún archivo, que no imprimimos, porque estamos hastiados de hacer fotos. En el curso de una o dos generaciones hemos pasado de maravillarnos por la magia de la cámara oscura a hartarnos de hacer instantáneas. Ahora, hartos de imágenes, le damos al botón digital como si quitásemos,sacásemos, fotografías, pero, eso sí, incapaces ya de ver tantas imágenes. No sólo porque la abundancia ha matado su magia, RAÚL álbumes y álbumes, cajones repletos de fotografías que llevaría horas ordenar, sino también porque ya no tenemos tiempo. Se nos ha acabado el tiempo. El tiempo para parar, detenerse y volver la vista atrás. Además, ¿quién quiere ya volver la vista atrás? ¿Te crees que eres de Cuéntame?".

Pero la transformación tecnológica que ha sufrido la captura de imágenes familiares durante las vacaciones no varía en absoluto un hecho fundamental: cada año, más de 700 millones de personas se desplazan como turistas a lugares próximos o lejanos, pero casi siempre con una cámara encima. Porque, si lo pensamos bien, qué es lo que impele a estos cientos de millones de personas a ponerse en movimiento: "El viaje turístico es un viaje entre dos imágenes: la de la foto de la agencia de viajes y la imagen de la foto que tú te traes. Vivimos en una sociedad de consumo y consumimos espacios, sol, paisajes y personas. Eso es el turismo. ¿Usted cree que el turista conoce de verdad el lugar al que va? ¿Cómo va a conocerlo si se pone a hacer fotos y no habla con la gente?", explica el antropólogo urbano Marc Augé, quien constata cómo el turismo actual impone las relaciones-simulacro en las que tú actúas de turista,mientras el otro actúa de masái.

¿Cuándo comenzó esta pulsión compulsiva por visitar otros lugares y fotografiarlos? Los romanos pudientes ya se desplazaban a sus villas en la costa durante el verano. Sin embargo, la pasión por lo exótico, en su vertiente más domesticada, que es hoy un ingrediente fundamental en las ofertas de las agencias de viajes, no comenzó hasta Cristóbal Colón. El antropólogo francés David Le Breton nos recuerda que aquellos primeros viajes transoceánicos eclipsaron muy rápido los logros de los caballeros andantes, cuyas aventuras transcurrían en el bosque próximo. Y que, desde entonces, la búsqueda del edén tropical, de los territorios vírgenes, impregna las rutas turísticas y la temática de las imágenes que realizamos durante las vacaciones.

Un concurso revelador Las miles de fotografías que cada año envían los lectores del Magazine para participar en el concurso de la mejor imagen de sus vacaciones muestran que el lugar más cercano al que parecen viajar son las planicies patagónicas. Familias buceando en Aruba, a caballo por Mongolia o en un safari fotográfico por la sabana africana son moneda corriente.

"La tradición de perpetuar la imagen de un ser querido en una instantánea - verdadero género fundacional de la fotografía- ha pesado a la hora de considerar cuál era la mejor foto de un carrete tirado en vacaciones. La familia, los amigos, las novias y, sobre todo, los hijos de los participantes, se han convertido en la piedra de toque del concurso", escribía el periodista Emilio Manzano a propósito de una de las primeras convocatorias.

Cuba se lleva la palma y Praga supera ya a Venecia como icono fotográfico vacacional. Pero París sigue mandando como destino europeo entre los miles de fotos que se reciben cada año y Manhattan mantiene su hegemonía global. Pero son sobre todo los niños - los hijos de los fotógrafos- los protagonistas de la mayoría de imágenes. Y ya se sabe que el niño de cada uno es el más guapo y simpático del mundo, pero este amor paterno resulta difícil de contagiar a los invitados al pase fotográfico. Sobre todo cuando hay seis fotos seguidas del niño en la piscina y luego ocho manchándose con un helado y después 12 simplemente sonriendo a cámara.

Pero es en el género puestas de sol donde se puede visualizar el abismo que separa lo que el fotógrafo aficionado ha visto y lo que se ve en la foto. Pues, la mayoría de las veces, en el papel o en la pantalla, el minúsculo círculo solar rodeado de una semioscuridad empastada está lejos de sugerir siquiera la grandeza del fenómeno natural contemplado por el fotógrafo.

Pero él estuvo allí. Y quiere enseñarlo. Y explicarlo. Antes lo hacía con 400 diapositivas y ahora con 700Mb de imágenes grabados en DVD. Pero cuando amenaza "¡venid a mirar las fotos!" no hay más remedio que aceptar. No olvidemos que para muchos ese momento es lo que justifica el dinero y la energía que precisan las vacaciones.

http://www.lavanguardia.es/web/20050925/51193719308.html
En línea

La verdadera amistad es como la sangre: acude a las heridas sin que la llames.

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